Daniella Reina: “Cuando decides migrar definitivamente, tienes que cerrar todas tus puertas”

“Me quiero ir de Australia. Creo que antes que todo esto pasara, uno veía a Australia como un país de oportunidades y yo veía como ‘sí, me puedo quedar’. Mi pareja es de Estados Unidos, entonces siempre tuvimos la discusión de cuando me graduara si nos quedamos aquí o nos vamos a Estados Unidos. Pero eso ya me dio la idea de que yo me quiero ir, no quiero seguir acá porque siento que no hay futuro en la parte económica. Quiero terminar lo que empecé aquí e irme,” comenta la venezolana Daniella Reina, reprimiendo las lágrimas.

Estudiante de ingeniería, Daniella se mudó a Australia hace casi dos años para poder terminar la universidad después de tener problemas para terminar su carrera en Venezuela debido a la crisis humanitaria del país. Pero en medio de la pandemia, ahora cuestiona si la inversión vale la pena. Con las clases online en un curso que requiere práctica, siente que no está aprendiendo lo que se necesita. 

“Como no estoy en mi casa, no tengo las herramientas necesarias para estudiar aquí. Necesito programas especiales para ingeniería y mi computadora acá, con el programa, se pone loca. Y parte de las herramientas que tu aprendes es por los laboratorios porque tu ves el proceso. Creo que en la ingeniería, son procesos muy abstractos y la única manera que tu lo veas es el físico. Entonces siento que por lo menos los laboratorios, tu deberías tener la opción de poder hacer en el próximo semestre,” explica, intentando encontrar una solución al problema.

Para ella, mantener el foco en los estudios durante la cuarentena ha sido otro obstáculo. “Ver la casa como sitio de trabajo, sitio de estudio me ha costado mucho. Sabes la gente que puede estudiar en casa? Hay gente que escucho ‘ay, yo termino eso en casa, yo hago esa tarea en casa’ y yo no. Yo necesito terminar en la universidad y ya no puedo hacer eso. Es frustrante. Demoro más para hacer las cosas. Me siento como lenta, es decir, no focada. Como viendo pajaritos en el aire,” cuenta con la tristeza de aquellos que han perdido su casa como lugar de descanso.

Foto cedida por Daniella Reina

Y añade sobre el desafío adicional de tener que manejar el segundo idioma en clases no presenciales. “Como estudiante internacional, obviamente que el inglés es tu segunda lengua y es mucho más fácil para comunicarte en persona porque puedes explicar lo que quieres. En cambio, cuando estás detrás de una cámara o un email, a veces decir lo que quieres decir es mucho más difícil”, dice. 

“No estoy recibiendo la educación que recibía antes y no estoy aprendiendo como antes. La verdad es que aprendo, pero no por las clases. Al final, yo no estoy recibiendo la educación que estoy pagando,” habla, con la frustración de aquellos que han cruzado un océano para estar donde están y no sienten que están logrando aprovechar al máximo la oportunidad.

Daniella también comenta la situación de ser inmigrante en este momento. “Creo que es mucho más difícil porque uno no recibe ninguna ayuda del gobierno. Y al final, estás solo. Tienes que luchar para mantener lo que tienes y no hay opción B de ‘me quedo con un familiar o un amigo’. Porque a veces al inmigrante le cuesta demasiado tener ese amigo que ‘ay, me quedo en tu casa’ o algo así.”

En cuanto a su familia, Daniella se siente más tranquila y dice que el hecho de ser migrante ya ha traído la costumbre de verlos de lejos: “Bueno, es lo mismo, no? Los veo desde lejos hace tanto tiempo que no hay mucha diferencia. Creo que separé de mi gemela cuando tenía 18 años, ahora tengo 25. Es costumbre, no me da en ese aspecto,” explica con la experiencia de aquellos que han conocido situaciones de crisis durante muchos años.

“Si estuviera en Venezuela, iría todos los domingos a la casa de mi abuela. Entonces eso sí, me pegaría, pero ahorita no visito a mi abuela, entonces ok. No hay nada diferente en mis domingos,” añade.

Hoy en día, con todos sus familiares viviendo en Europa, Venezuela es algo que ha quedado atrás. “No tengo nada de contacto con Venezuela ahorita. Creo que cuando decides migrar y irse definitivamente, tienes que realmente, para sentirte mejor contigo mismo, cerrar todas tus puertas. Porque este recuerdo de ‘ah, si estuviera haciendo eso en Venezuela’, como que pensar mucho en el pasado, no te deja seguir adelante. Este es mi punto de vista,” dice Daniella.

Cuando le pregunto qué la hace sentirse en casa ahora, me habla de su futuro marido. “Creo mi novio ahorita, estamos juntos y nos vamos a casar… creo que mi novio me hace que me sienta en casa,” concluye con una sonrisa.

Daniella Reina: “When you decide to migrate for good, you have to close all your doors”

“I want to leave Australia. I think that before all this happened, I used to see Australia as a country of opportunity and I saw it as ‘yes, I can stay’. My partner is from the United States, so we always had the discussion of, when I graduated, would we stay here or go to the United States. But now I want to leave, I don’t want to stay here because I feel that there is no future, economically speaking. I want to finish what I started here and leave,” says the Venezuelan Daniella Reina, holding back her tears.

An engineering student, Daniella moved to Australia nearly two years ago so she could finish university after facing problems completing her degree in Venezuela due to the country’s humanitarian crisis. But in the midst of the pandemic, she now questions if the investment is worth it. With classes being held online in a course that requires practice, she feels she is not learning enough. 

“Since I’m not at home, I don’t have the tools to study here. I need special programs for engineering and my computer goes crazy with the program. And also part of what you learn is from the labs because you see the process. In engineering, many processes are abstract and the only way to see it is the physical. Now the labs are nothing, so I think at least we should have the option to watch it next semester,” she says, trying to give a solution to the problem. 

For her, keeping the focus on studies at home is another obstacle. “It took a long time for me to see my home as a place to study or work. You know those people who say they can study at home? I’m not one of them. I need to finish my assignments at uni and I can’t do that anymore. It’s frustrating, I take a lot longer to do things. I feel slow, unfocused, like seeing birds in the sky,” she says with the sadness of those who lost the comfort of having their home as a place for rest. 

Photo credit: Daniella Reina

She also talks about the additional challenge of having to deal with a second language in non-presential classes. “As an international student, English is my second language and it is much easier to communicate in person because you can explain what you want. When you’re behind a camera or an email, sometimes saying what you want is much harder,” she says. 

“So I’m not getting the education I was getting before and I’m not learning like before. The truth is that I learn, but not from classes. In the end, I’m not getting the education I’m paying for,” she says with the frustration of those who crossed an ocean to be where they are but don’t feel they are living the experience to the most.

Daniella also comments on the situation of being an immigrant during this time. “I think it’s much harder because you don’t get any help from the government. And, in the end, you’re alone. You have to fight to keep what you have and there’s no option B of staying with a relative or a friend. Because sometimes for an immigrant it’s very difficult to have that friend that you can say, ‘Oh, can I stay at your house?’ or something.”

As for her family, she feels more at ease. She says that being a migrant helped her to get through this situation better. “Well, it’s still the same thing, isn’t it? I’ve been seeing them from afar for so long that it doesn’t make much difference. I got separated from my twin sister when I was 18, now I’m 25. It’s part of my life, so it doesn’t affect me in that respect,” she explains with the expertise of those who have been dealing with crisis situations for too long. 

“If I was in Venezuela, I would go every Sunday to my grandmother’s house. So yes, it would impact me, but now I don’t visit my grandmother anymore, so it’s okay. There’s nothing different about my Sundays,” she adds.

Today, with all her family living in Europe, Venezuela is something that is left behind. “I have no contact with Venezuela now. I think that when you decide to migrate for good, to feel better about yourself, you have to close all your doors. Because those memories of ‘ah, if I was in Venezuela, I would be doing this,’ that thinking too much about the past, it doesn’t let you move forward from my point of view,” Daniella says.

When I ask her what makes her feel at home now, she tells me about her future husband. “I think it’s my boyfriend now, we’re together and we’re getting married…so I think he makes me feel at home,” she concludes with a smiley face.

Daniella Reina: “Quando você decide migrar definitivamente, você tem que fechar todas as suas portas”

“Eu quero ir embora da Austrália. Eu acho que antes de tudo isso acontecer, eu via a Austrália como um país de oportunidades e via como ‘sim, eu posso ficar’. Meu namorado é americano e a gente sempre teve essa discussão se a gente ia ficar aqui ou ir pros Estados Unidos quando eu me graduasse. Mas agora eu tenho a ideia de que eu quero ir, não quero ficar aqui porque sinto que não há futuro na parte econômica. Eu quero terminar o que eu comecei aqui e ir embora,” desabafa a venezuelana, Daniella Reina, segurando as lágrimas. 

Estudante de engenharia, Daniella mudou-se para a Austrália há quase dois anos para poder terminar a universidade depois de enfrentar problemas para completar o curso na Venezuela, devido à crise humanitária do país. Porém, em meio à pandemia, ela agora questiona se o investimento está valendo a pena. Com as aulas online em um curso que exige prática, ela sente que não está aprendendo o necessário. 

“Como eu não estou na minha casa, eu não tenho as ferramentas necessárias para estudar aqui. Eu preciso de programas especiais para engenharia e o meu computador fica louco com o programa. E também, parte das ferramentas que você aprende é pelos laboratórios porque você vê o processo. Na engenharia, muitos processos são abstratos e a única maneira de ver é o físico. E agora os laboratórios não são nada, então acho que pelo menos a gente deveria ter essa opção de poder assistir os laboratórios no próximo semestre,” explica, tentando buscar uma solução para o problema. 

Para ela, manter o foco nos estudos estando dentro de casa é outro obstáculo. “Demorou muito para eu conseguir ver a minha casa como local de estudo ou trabalho. Sabe aquelas pessoas que dizem que conseguem estudar em casa? Eu não sou uma delas. Eu preciso terminar os trabalhos na faculdade e não posso mais fazer isso. É frustrante, eu demoro muito mais para fazer as coisas. Me sinto lenta, desfocada, como vendo passarinhos no céu,” conta com a tristeza de quem perdeu o lar como lugar de descanso.  

Foto cedida por Daniella Reina

E ainda acrescenta sobre o desafio adicional de ter que lidar com o segundo idioma nas aulas não-presenciais. “Como estudante internacional, obviamente, inglês é a sua segunda língua e para se comunicar é muito mais fácil ao vivo porque você pode explicar o que você quer. Quando você está atrás de uma câmera ou um email, as vezes dizer o que você quer é muito mais difícil,” desabafa. 

“Então eu não to recebendo a educação que recebia antes e não estou apredendo como antes. No final, isso é um negócio e eu não estou recebendo pelo o que estou pagando,” fala com a frustração de quem atravessou um oceano para estar onde está e não sente que está conseguindo aproveitar a oportunidade em total.

Daniella também comenta sobre a situação de ser imigrante em esse momento. “Acho que é muito mais difícil, porque você não recebe nenhuma ajuda do governo. E no final, você ta sozinho. Você tem que se virar e lutar para manter o que tem e não existe uma opção B de ficar na casa de um familiar ou um amigo. Porque as vezes para um imigrante é muito difícil ter esse amigo que você pode falar ‘ai, posso ficar na sua casa?’ ou algo assim.”

Já em relação a família, ela se sente mais tranquila. Para ela, o fato de ser migrante a ajuda a lidar com esse momento. “Bom, continua a mesma coisa, não? Eu já vejo eles de longe há tanto tempo que não faz muita diferença. Eu me separei da minha irmã gêmea quando tinha 18 anos, agora tenho 25. Já é um costume, não me afeta em esse aspecto,” explica com a experiência de quem já sabe viver situações de crise há muitos anos.

“Se eu tivesse na Venezuela, eu iria todos os domingos para a casa da minha avó. Então sim, me impactaria, mas agora eu não visito a minha avó então ok. Não há nada de diferente nos meus domingos,” acrescenta.

Hoje, com todos os seus familiares vivendo na Europa, a Venezuela é algo que ficou para trás. “Eu não tenho nada de contato com a Venezuela agora. Creio que quando você decide migrar definitivamente, você tem que realmente, para se sentir melhor consigo mesmo, fechar todas as suas portas. Porque essas lembranças de ‘ah, se eu tivesse na Venezuela, eu estaria fazendo isso’, esse pensar muito no passado, não te deixa seguir adiante do meu ponto de vista,” diz Daniella.

Quando a pergunto sobre o que a faz sentir-se em casa agora, ela me fala do futuro marido. “Acho que é meu namorado agora, nós estamos juntos e vamos nos casar…acho que ele faz com que eu me sinta em casa,” conclui com os olhos sorrindo.

Nico Betancur: De Medellín a Sydney

“Me parece que nosotros estudiantes internacionales siempre estamos haciendo algo y llega el coronavirus y dice ‘no puedes hacer nada’. Y el gobierno no te va a ayudar, pero tienes que seguir pagando las cuentas y seguir con la vida, y eso me pareció muy duro,” comenta Nico Betancur, estudiante colombiano en Australia. “Tenemos que estar agradecidos por la oportunidad de estar acá y también valorar todas las cosas que una vez tuvimos, porque en eses momentos, ya nada vale la nada. No tenemos nada.”

Nico se mudó de Medellín a Sydney hace más de cuatro años para vivir con parte de su familia que ya vivía en Australia. Estudiante universitario, cuenta las dificultades de estudiar desde su casa en un idioma distinto al suyo. “Es muy complicado. Se me complica para concentrar cuando la gente me habla en inglés, en los trabajos, y no tengo la ayuda del profesor ahí. Y obviamente, como vivo con mi familia, ellos hablan español. Entonces es muy complicado. Yo gustaba de salir, ir a la universidad, pasar el día allí y de conocer gente, cierto? Al pasar a estar encerrado, a veces me ponía muy desmotivado,” dice.

También agrega sobre los desafíos de mantener las amistades como migrante, que se intensifican en un momento como éste. “A veces la gente no se da cuenta de uno viene solo, que en el proceso empieza a conocer gente y hacer amigos. Pero los amigos vienen y van porque haces un amigo que es de un país y él regresa y tú te quedas. Y llegan otros, y se van y tú te quedas…eso te cuesta mucho,” dice. “Y justo en esta pandemia, hay mucha gente que se fue o que no llegó. Eso es muy triste. Me pone a pensar a veces que es complicado estar encerrado, pero es más complicado es que cuando todo pase, seguramente, tus amigos no van estar acá.”

Además, la familia en Colombia es un motivo adicional de preocupación en estos tiempos. “Extraño a mi país y a la gente, específicamente a mi mamá. Me da tristeza que mi familia se puede llegar a infectar por el virus y estamos tan lejos que no se puede hacer nada. Suena muy triste pues pase lo que pase, no nos vamos poder a ver,” comenta con pesar. “Me pone mucho a pensar que a veces yo, por estar en Australia, no les hablo tanto y penso que no les necesito y en un momento como ese veo que ahora sí me hacen falta. Este coronavirus me puso a pensar que soy muy agradecido a la familia.”

En contraste, el confinamiento lo acercó a los miembros de la familia que comparten la misma casa con él en esta pandemia. “Después de cuatro años, nos sentamos todos juntos a la mesa para jugar! Eso es algo. Nos hemos vuelto más unidos y nos estamos conociendo más uno del otro y eso me sorprendió mucho. Eso sí nos ayudo mucho [la pandemia], a estar más juntos. Fue un cambio que tuvimos todos”, dice entusiasmado el colombiano.

Foto cedida por Nico Betancur

Para Nico, estos son tiempos para la reflexión, y para aprender a valorar las cosas simples y los momentos que compartimos con los que amamos. Todavía cree que es un buen momento para descubrir (o redescubrir) qué actividades te hacen feliz y cuáles no. “Me había olvidado la lectura y me encanta leer, por ejemplo. O no sabía ni siquiera que podía pintar y un día empecé a pintar. Y bueno, son cosas que hago para conocerme. Tenemos otra oportunidad cuando eso pase de que si, por ejemplo, nunca te ha gustado hacer algo, no lo hagas porque no sabes si eso puede volver a pasar y ser peor,” explica.

Pero la música y los ritmos de América Latina siguen siendo lo que le motiva a seguir adelante en tiempos de incertidumbre. “Es lo que más me ha ayudado. Desde el momento que me despierto, me pongo mi musiquita y ‘vamos’. Entonces, bueno, sé que eso va a pasar,” concluye.

Nico Betancur: From Medellin to Sydney

“I think we, as international students, are always up to something and then the coronavirus comes and says ‘no, you can’t do anything’. And the government won’t help you and you have to keep paying the bills and keep going on with life as usual, and that’s not easy,” says Nico Betancur, a Colombian student in Australia. “We have to be grateful for the opportunity to be here and also value all the things we had because now we have nothing.” 

Nico moved from Medellin to Sydney over four years ago to live with part of his family who already lived in Australia. A university student, he tells of the difficulties of studying from home in his second language, in a non-English speaking household. “It got a lot more complicated. It’s much harder to concentrate on English and the assignments. You also don’t have the teacher right there to help you. Since my family speaks Spanish at home, it gets very complicated as well. I liked to go to uni, spend the day there and meet people, you know? And when you’re in isolation, sometimes you get very discouraged,” he says.

He also adds about the challenges of maintaining friendships as a migrant, which intensify at a time like this. “Sometimes people don’t realise that we come alone and start meeting people and making friends in the process. But friends come and go because you make a friend who is from a country and then they go back and you stay. Then others come, and they go and you stay…that’s very stressful,” he says. “With this pandemic, there are a lot of people who went back to their home countries, or didn’t manage to arrive here and it’s very sad. Sometimes I think being in isolation is complicated, but it will be more complicated after it and you realise your friends are no longer here.”

Moreover, the family in Colombia is an extra cause for concern for him in these times. “I miss my country and my people, especially my mum. It saddens me that my family could get infected by the virus and we are so far away that there is nothing we can do about it. It’s sad that if something happens to them, we won’t be able to see each other in person,” he comments. “I think sometimes, because I’m in Australia, I don’t talk to them as much, because I don’t think I need to, but now I really miss them. This coronavirus made me think that I’m very grateful to my family.”

In contrast, the confinement brought him closer to the family members who share the same house with him in this pandemic. “It’s funny, but after four years, we all sat down together at the table to play a game! We’re more united and getting to know each other better and that really surprised me. In that respect, the pandemic has helped us a lot to stay more together,” says the Colombian enthusiastically.

Photo credit: Nico Betancur

For Nico, these are times for reflection, and for learning to value simple things and the moments we share with those we love. He also believes it’s a good time to discover (or rediscover) which activities make you happy and which ones don’t. “I had forgotten how much I liked to read, for example, or I didn’t even know I could paint and one day I decided to paint. These are things I’ve been doing to get to know myself. I think we have a chance when this goes away that if, for example, you’ve never liked doing something, then don’t do it because you don’t know if it’s going to get worse again,” he explains.

But he puts a special emphasis on music and the rhythms of Latin America as what motivates him to move forward in times of uncertainty. “It’s what’s helped me the most. I wake up, put my songs on my headset and ‘let’s go’. It is what makes me feel ‘this shall too pass’,” he concludes.

Nico Betancur: De Medellín para Sydney

“Eu acho que nós, estudantes internacionais, estamos sempre fazendo alguma coisa e daí chega o coronavírus e diz ‘não, você não pode fazer nada’. E o governo não vai te ajudar e você tem que seguir pagando as contas e seguir continuando com a vida, e isso não é fácil,” comenta Nico Betancur, estudante colombiano na Austrália. “Temos que estar agradecidos pela oportunidade de estar aqui e também valorizar todas as coisas que nós tivemos, porque agora nada vale nada. Não temos nada”. 

Nico mudou de Medellín para Sydney faz mais de quatro anos, para morar com parte da família que já vivia na Austrália. Aluno universitário, ele narra as dificuldades de estudar de casa em um idioma que não é o seu, em um lar onde não se fala inglês. “Ficou muito mais complicado. É muito mais difícil de se concentrar no inglês, nos trabalhos, e não tem a ajuda do professor logo alí. E como a minha família fala espanhol, fica muito complicado. Eu gostava de sair, de ir para a universidade, passar o dia lá e conhecer gente, sabe? E ao estar em confinamento, as vezes a gente fica muito desmotivado,” conta.

Ele também acrescenta sobre os desafios de manter as amizades enquanto migrante, que se intensificam em um momento como esse. “As vezes as pessoas não se dão conta de que a gente vem sozinho e começa a conhecer gente e fazer amigos no processo. Mas os amigos vêm e vão porque você faz um amigo que é de um país e ele volta e você fica. E chegam outros, e eles vão e você fica e isso é muito custoso,” diz. “E justo com essa pandemia, tem muita gente que foi, ou que não chegou e é muito triste. As vezes eu penso que estar em isolamento é complicado, mas mais complicado é quando passar isso e os seus amigos não estiverem mais aqui.”

Além disso, a família que está na Colômbia é motivo de preocupação extra nesses tempos. “Eu tenho saudade do meu país e da minha gente, especialmente da minha mãe. Me entristece que a minha família pode chegar a se infectar pelo vírus e estamos tão longe que não podemos fazer nada. É triste que se acontecer algo, não vamos poder nos ver pessoalmente,” comenta com pesar. “Acho que as vezes, por estar na Austrália, eu não falo tanto com eles, porque acho que não preciso mas agora faz falta. Esse coronavírus realmente me fez pensar que eu sou muito agradecido a família.”

Foto cedida por Nico Betancur

Em contrapartida, o confinamento o aproximou dos familiares que dividem a mesma casa com ele nessa pandemia. “É engraçado, mas depois de quatro anos, nós sentamos todos juntos na mesa para jogar um jogo! Estamos mais unidos e conhecendo mais uns dos outros e isso sim me surpreendeu muito. Nesse aspecto, a pandemia nos ajudou muito a estarmos mais juntos,” conta o colombiano com entusiasmo.

Para Nico, esses são tempos de reflexão, e de aprender a valorizar as coisas simples e os momentos que compartilhamos com quem amamos. Ele ainda acredita que é uma boa fase para descobrir (ou redescobrir) quais são as atividades que te fazem feliz e as que nem tanto. “Eu tinha esquecido do quanto eu gostava de ler, por exemplo, ou eu nem sabia que podia pintar e um dia eu decidir pintar. E bom, são coisas que eu tenho feito para conhecer a mim mesmo. Acho que temos uma oportunidade de quando isso passar de, se por exemplo, você nunca gostou de fazer algo, então não faça porque você não sabe se a situação vai voltar a piorar,” explica.

Mas a música e os ritmos da América Latina ainda são o que mais o motivam para seguir adiante em momentos de incerteza. “É o que mais tem me ajudado. Eu acordo, coloco a minha musiquinha no fone de ouvido e vamos. Daí sei que isso vai passar,” finaliza.

Alicia Granci: “Sí, soy argentina”

“Es loco que en ese momento estamos casi como prisioneros, no somos prisioneros pero no podemos salir de la manera como salíamos. Es contradictorio. En cuanto lo que es de mi familia, por ser estudiante internacional, estamos un poco acostumbrados porque sabemos lo que es estar lejos de nuestros seres queridos,” dice Alicia Granci, un jueves por la noche, apoyada en la cama de su cuarto, mientras yo la escucho desde mi sala a través de una llamada de vídeo. “Creo que ya estamos mentalmente preparados porque sabemos que tenemos que ser fuertes y seguir adelante con nuestros proyectos, que en este caso es estudiar,” añade la estudiante argentina, que ahora vive en Australia.

Alicia y yo nos conocemos desde hace algunos años. Tomamos el mismo curso que la universidad, compartimos la identidad de sudamericanas y la pasión por la Salsa. Y ver en la pantalla a alguien que forma parte de tu vida cotidiana le da a la pandemia un aire más (ir)real – de hecho, todas las entrevistas de esta serie tienen algo de fantástico y de experimentación, de mirar a los ojos sin mirar a los ojos. Pero eso es una reflexión para después.

Volvamos a Alicia. En nuestro escenario pandemico de entrevista, me cuenta cómo ha sido estar más en casa y cómo ha cambiado la relación con la familia australiana – una madre y una hija – con quien vive: “Siempre tuve una buena relación con ellas, pero como casi siempre estaba fuera de casa, en la universidad o trabajando, como que nunca tenía un momento de para sentarme con ellas y hablar. Y ahora me sento una hora con ellas en las sillas y hablamos de la vida, tenemos mucho más interacción. Este contacto humano es súper importante en todos los parámetros. Entonces, lo que ya habia de lindo se intensificó por cien.”

También comenta la relación con su familia en Argentina. Aunque no habla con ellos todos los días, dice que llamarlos la hace feliz. “Ver estas sonrisas, es como algo que estoy disfrutando,” dice. Pero añade sobre la dificultad de lidiar con la incertidumbre de no saber cuándo podrá volver a verlos físicamente. “Es como ‘ay, qué ganas que tengo de abrazarlos’! No sabemos cuándo vamos a poder viajar, entonces, bueno, pensemos positivo que ‘los voy a volver a ver’.”

Y con una voz llena de orgullo y afecto, Alicia añade sobre el amor por su tierra. “Desde que nací, Argentina está en mi corazón, desde el minuto cero. Y creo que eso no va a cambiar. Creo que lo que le pasa a todos los latinos al salir es que vemos muchas cosas que pensamos ‘ojalá pudiéramos estar a la altura del país en el que vivimos ahora’, o al menos llegar un poco más cerca a las condiciones de salud, por ejemplo. Pero este amor y aprecio, a pesar de las carencias que tiene Argentina, no van a faltar, porque es donde nací y donde me siento identificada constantemente. Y cada vez tomo un mate…me queda la voz como ahora que estoy hablando porque  ‘sí, soy argentina’.”

Foto cedida por Alicia Granci

“Estoy muy feliz que en ese momento el presidente que está en el poder, tomó la decisión, y lo dijo públicamente en palabras y dándolo a conocer en acciones que más importante que la economía es la salud. Para mí, eso es el más importante en cualquier parte del universo. Y me siento orgullosa de decir que el presidente se importa con la población en el país donde nací y el país que amo,” añade.

Cuándo le pregunto de las cosas que la mantienen sana durante la cuarentena, Alicia me habla de la música y del sol. “Para mí, escuchar música es algo enorme. Y como estoy en un lugar donde las cosas son menores, salir a caminar me ayuda también. Intento me olvidar de todo que está pasando. Sin pensar en nada. Absorber la luz del sol y pensar que me está recargando como al celular cuando se pone para cargar, hasta que la batería llegue al cien por cien.”

Y en conclusión, comparte el aprendizaje que la situación de la pandemia le ha traído. “Creo que aprecio un poco más todo lo que tenemos. Hay mucho que agradecer y valorar fuera del monetario, porque ahora que estoy metida en casa, ni la plata importa. Los afectos de la familia, estar sana, tener un techo y comida, son las cosas simples que necesitamos para sobrevivir. Después de eso, lo que venga, no lo sé,” concluye.

Alicia Granci: “Sí, soy argentina” (Yes, I’m Argentinian)

“It’s crazy that right now we’re almost like prisoners. We’re not prisoners but we can’t go out the way we used to. It’s contradictory. As far as my family is concerned, being an international student, we are a sort of used to it because we know what it’s like to be away from our loved ones,” says Alicia Granci, on a Thursday night, leaning against her bedroom bed, while I listen to her from my living room through a video call. “I think we are already mentally prepared because we know that we have to be strong and move forward with our projects, which in this case is to study,” adds the Argentinian student, who now lives in Australia.

Alicia and I have known each other for some years now. We take the same course at the university, we share the identity of South Americans and a passion for dancing Salsa. Seeing someone who is part of your everyday life on-screen gives an even more (un)real feel to the pandemic – in fact, all the interviews in this project have something of fantastic and experimentation, of looking in the eye without looking in the eye. But that’s a reflection for later.

Back to Alicia. In our pandemic interview scenario, she talks about what it’s been like to be more at home and how the relationship with the Australian family who she lives with has changed: “I’ve always had a good relationship with them, but as I was almost always away from home, at university or at work, I never had a moment to sit down with them and talk. And now we sit down and talk about life, we have so much more interaction. This human contact is super important in all parameters, so the relationship that was already beautiful was intensified by a hundred.”

She comments on the relationship with her family back in Argentina as well. Although she doesn’t talk to them every day, she says how calling them makes her happy. “Seeing their smiles it’s something I enjoy,” she says. But she adds about coping with the uncertainty of when she will be able to physically see them again. “It’s like ‘aww, I want to hug them so much’! We don’t know when we’re going to be able to travel, so we have to think positively that we’re going to see them again. To have them a little bit closer by the voice at this moment is very important.”

Continuing with a voice full of pride and affection, Alicia adds about the love she has for her land. “Ever since I was born, Argentina is in my heart, from minute zero. And I don’t think that’s going to change. I think what happens to all Latinos when they leave is that we see many things that we think ‘I wish we could be at the same level of the country we live in now,’ at least in terms of health services, for example. But this love and appreciation, despite the needs that Argentina has, it’s always with me, because that’s where I was born and where I feel I belong. When I drink my mate… my voice always gets like this because, ‘Sí, soy Argentina’ (‘yes, I’m Argentinian’).” 

Photo Credit: Alicia Granci

“At the moment, I’m very happy that the president in power [of Argentina] took the decision, and said it publicly in words and also showing in actions, that more important than the economy is the health. That for me is the most important in any part of the universe. I am proud to say that the president cares about the population of the country where I was born and the country I love,” she adds.

When asked about the little things that make her sane during the quarantine, Alicia talks about music and sunshine. “For me, listening to music is a huge thing. And going out for a walk helps me too. I try to forget everything. Absorb the sunlight and think it’s recharging me, like when you put the phone in to charge until the battery reaches a hundred per cent.”

She also shares the learning that the pandemic situation has brought her. “I think I appreciate everything we have a little bit more. There’s a lot to be thankful for and valued beyond the financial, because now that I’m home, not even money matters anymore. Family affections, being sane, having a roof over your head and food, are the simple things you need to live. After that, whatever comes, I don’t know,” she concludes.

Alicia Granci: “Sí, soy argentina”

“É louco que nesse momento nós estamos quase como prisioneiros, não somos prisioneiros mas não podemos sair da maneira como saíamos. É contraditório. Enquanto o que diz respeito a minha família, por ser estudante internacional, estamos um pouco acostumados porque sabemos o que é estar longe dos nossos entes queridos,” me fala Alicia Granci, numa quinta feira a noite, apoiada contra a cama de seu quarto, enquanto eu a escuto da minha sala através de uma ligação de video.“Creio que já estamos mentalmente preparados porque sabemos que temos que ser fortes e seguir adiante com os nossos projetos, que no caso é estudar,” completa a estudante argentina, que hoje vive na Austrália.

Alicia e eu já nos conhecemos há alguns anos. Fazemos o mesmo curso da universidade, dividimos a identidade de sulamericanas e uma paixão por Salsa. E esse ver na tela alguém que faz parte do cotidiano dá um ar de mais (su)real à pandemia – aliás, todas as entrevistas dessa série tem um quê de fantástico e experimentação, de mirar nos olhos sem ollhar nos olhos. Mas isso é reflexão para depois.

Voltemos à Alicia. Nesse nosso cenário pandêmico de entrevista, ela me conta sobre como tem sido ficar mais em casa e de como a relação com a família australiana – uma mãe e uma filha – que mora com ela mudou.  “Sempre tive uma boa relação com elas, mas como eu estava quase sempre fora de casa, na universidade ou no trabalho, eu nunca tinha um momento de sentar com elas e conversar. E agora nos sentamos e falamos da vida, temos muito mais interação. Esse contato humano é super importante em todos os parâmetros, então o que já tinha de lindo, se intensificou por cem.”

Ela também comenta sobre a relação com a família de volta na Argentina. Ainda que não fale com eles todos os dias, diz como ligar para eles a faz feliz. “Ver o sorriso deles, é como algo que eu to disfrutando,” fala. Mas acrescenta sobre a dificuldade de lidar com a incerteza de não saber quando vai poder vê-los fisicamente de novo. “É como ‘ai, que vontade que eu tenho de abraçá-los’. Não sabemos quando vamos poder viajar, então temos que pensar positivo de que vamos vê-los de novo.”

E com a voz cheia de orgulho e carinho, Alicia acrescenta sobre o amor por sua terra. “Sempre, desde que nasci, a Argentina está no meu coração, desde o minuto zero. E acho que isso não vai mudar. Creio que o que acontece com todos os latinos ao sair é que vemos muitas coisas que pensamos ‘quisera eu que nós pudessémos estar na altura do país em que vivemos agora’, pelo menos em condições de saúde, por exemplo. Mas esse amor e apreciação, apesar das carências que a Argentina tem, não vão faltar, porque é onde nasci e onde eu me sinto identificada constantemente. E quando eu tomo um mate, é quando eu me sinto ‘sí, soy argentina’.”

Foto cedida por Alicia Granci

“Nesse momento eu to muito feliz que o presidente que está no poder, tomou a decisão, e o disse publicamente em palavras e também evidenciando em ações que mais importante que a economia é a saúde e isso para mim é o mais importante em qualquer parte do universo. Me sinto orgulhosa de dizer que o presidente se importa com a população do país onde eu nasci e do país que eu amo,” acrescenta.

Já falando da vida do outro lado do mundo, e as pequenas coisas que a mantém sã durante a quarentena, Alicia fala de música e da luz do sol. “Para mim, ouvir música é algo enorme. E como estou em um lugar menor, sair para caminhar me ajuda também. Tento esquecer de tudo. Não pensar em nada, absorver a luz do sol e pensar que está me recarregando como quando você põe o celular para carregar, até que a bateria chegue a cem por cento.”

E para finalizar, ela divide os aprendizados que a situação de pandemia trouxe para ela. “Acho que eu aprecio um pouco mais tudo o que temos. Há muito o que agradecer e valorizar além do monetário, porque agora que estou em casa, nem o dinheiro importa mais. Os afetos da família, estar sã, ter um teto e comida, são as coisas simples que precisamos para viver. Depois disso, o que vier, eu não sei,” conclui.

Gabriel Villalba: la certeza de un golpe de Estado en Bolivia

“Lo que el mundo necesita saber es que en Bolivia no vivimos en democracia”, es lo que me dijo Gabriel Villalba mientras hablábamos en un café de una terraza del centro de La Paz. Desde allí arriba, había una tranquilidad que no se parecía en nada a las calles que acabábamos de cruzar para llegar a aquel destino.

Abogado y analista político, Gabriel tiene clara la situación del país. No duda de que Bolivia sufrió un golpe de Estado en octubre de 2019 y narra con firmeza los hechos que llevaron a tanto. “La oposición ya tenía claro cuándo iban a actuar. Habían generado un sentido común de que las elecciones serían fraudulentas y no reconocieron el triunfo de Evo Morales,” dijo.

“El gobierno de Evo pidió inocentemente a la OEA (Organización de Estados Americanos) un informe técnico para saber si había ocurrido fraude y creo que esto fue un error político,” continuó.

El informe preliminar emitido por la OEA anunció un fraude en las elecciones. Pero sólo analizó el 0,22 por ciento de los registros de votación de Bolivia, según Gabriel. “Ya había un clima de violencia sistemática porque se habían quemado los tribunales electorales locales, las casas de campaña del Movimiento al Socialismo (MAS) y se habían amedrentado a líderes sociales. Estábamos en un estado de convulsión social, caótico, no?”, añadió.

Con pesar, cuenta los días de tensión que siguieron a ese momento, cuando Evo Morales tuvo que renunciar y Jeanine Áñez asumió la presidencia del país. Menciona la represión de las protestas sociales y la quema de la bandera Whipala – que representa a los pueblos indígenas de América Latina y es adoptada como la segunda bandera oficial del Estado Plurinacional de Bolivia – como símbolos de violencia del nuevo gobierno. 

“Ha sido muy triste, porque se daba cuenta de la diferencia de clases sociales. En las marchas que pedían, durante 21 días, para tumbar al gobierno de Evo Morales, tenían una condición de clase alta donde estaban los hijos del alto mando de la policía, no había represión.  Pero en las demás marchas, de los sectores populares, de la gente campesina, no tuvieron reparo a reprimirnos y eso fue lo que me causó más pena,” dijo Villalba.

También comenta la persecución política que sufren él y otros activistas políticos. “Yo mismo, afuera de mi casa, tenía policías y militares de civil rondando en autos. Así es que opera la inteligencia de la policía de los militares, como una forma de amedrentar. Tuve que salir de mi casa y durante una semana estuve de casa en casa de mis amigos moviendome porque no podía estar en una misma locación, era peligroso. Nuestra integridad física corría peligro.”

Pero también puede ver algo positivo en eso. “También me alegro que haya pasado. Sabes por qué? Porque toda la gente que decía que ‘con Evo vivimos en una dictadura’ cuando era un gobierno democrático, ahora se han dado cuenta de lo que es un gobierno dictatorial, con militares en las calles y armas de guerra disparando a los civiles. Ese es el verdadero golpe que ha habido, no? Y los jóvenes de 18 años finalmente han conocido lo que es una dictadura, los que decían que antes vivíamos en una dictadura. Así que creo que ese va a ser el voto oculto que va a determinar también un ámbito de apoyo,” dijo Gabriel, refiriéndose a las elecciones que estaban programadas para el 3 de mayo  – e indicaba resultados favorables al MAS según las encuestas de opinión.

Ahora, en un comentario más reciente sobre lo que está sucediendo en el país, que ha postergado las elecciones indefinidamente debido a la pandemia del Covid-19, Villalba ve la democracia boliviana como todavía más frágil en este momento. “Más allá que suspender o postergar las elecciones, tienen [el gobierno de Áñez] este miedo de esta tendencia del 40 por ciento de los votos al Movimiento al Socialismo, demostrada en las últimas encuestas. Así que Jeanine Áñez está tomando medidas, aprovechando el Coronavirus, para revertir esta intención de voto,” dijo en entrevista a Telesur en marzo.

Aún así, cree que el MAS puede ganar fuerza después de la pandemia. “Creo que eso va a caer por su propio peso. Están tomando medidas autoritarias, la población está tomando conciencia social y eso está generando un sentido común de repudio al gobierno de facto de Jeanine Áñez. Y eso va a tener sus consecuencias electorales también, como ya tiene y se puede ver en las encuestas,” concluyó.