Venezuela: Un hilo de esperanza en medio del caos

Mi tiempo en Venezuela fue corto. Llegué un día y me fui al siguiente. Y siento que necesitaba más para absorber la atmósfera del país que, sí, se está hundiendo en una crisis. Pero en cambio, tiene una gente que no se deja abatir. 

No pude detenerme mucho tiempo para las largas conversaciones que me gusta tener para crear el tipo de contenido que ves aquí porque sentarse y hablar, en realidad, es un hábito de la gente que no se preocupa tanto. Escuché mucho, porque en medio de una agotadora lucha diaria, siento que todos tenían algo que decir. Pero terminé prescindiendo de los registros formales porque hay cosas que de hecho no caben en un grabado y en un cuaderno. 

Dejé de lado muchas veces las formalidades para poder participar en conversaciones sobre la falta de gasolina -que sólo viene una vez al mes en Santa Elena de Uairén- y compartir recetas sobre cómo hacer que los alimentos rindan más. Me tomé el tiempo de descubrir la “verdadera profesión” de la gente antes de la crisis -como los músicos que se convirtieron en mineros y los pilotos que se convirtieron en comerciantes- y entender las razones que hacen de Venezuela un país para quedarse y no para emigrar. 

Vi gente cansada. Vi gente luchando por sobrevivir. Pero también vi gente esperanzada. También vi gente feliz. Incluso lo que más escuché fue que los venezolanos eran alegres y que una de las mayores pérdidas de la crisis era precisamente esta felicidad gratuita. Aun así, pude sentir la alegría que se escapaba en medio de las conversaciones, en el arte que nosotros, los brasileños, también conocemos bien que es “reírse de nuestra propia desgracia”. Y esta clase de alegría sólo podría haberla capturado con una cámara si no hubiera sido parte de ella. Tal vez si hubiera estado detrás de las lentes, no hubiera podido ver las fracciones de segundo en las que todo parecía en la más perfecta normalidad.

Elegí vivir esta felicidad clandestina para tratar de entender la situación en Venezuela más íntimamente. Volví comprendiendo más que antes. Comprendí que la vida siempre sigue y el ser humano siempre se adapta. Comprendí que las situaciones de crisis pueden despertar lo peor, pero también pueden despertar la fuerza. Una especie de fuerza que viene de dentro y que nadie puede quitar. Comprendí que la crisis también enseña una serie de valores que a veces hay que rescatar, como lo bueno que es estar cerca de tus seres queridos o cuán deliciosa es la comida en un plato. No sé si eso es bueno o malo. 

Tampoco puedo decir que no he visto tristeza y cierta nostalgia por lo que el país fue y no es más (y no volverá a serlo nunca más, porque no se vuelve al pasado). Pero aun así sentí que la esperanza era más fuerte, de la misma manera que sentí esperanza cuando estaba en la frontera un año antes.

Esta vez mi viaje fue diferente, el proceso vino de adentro y aquí está mi mirada sincera de lo que vi y experimenté. Esta serie es breve y tiene menos imágenes. Pero tiene más reflexiones. Espero que pueda transmitir un poco de lo que ha sido mi tiempo en suelo venezolano.

Published by Mira.Me Project

Written by Leila Maciel, a Brazilian girl who insists on calling the world her home. Escrito por Leila Maciel, uma Brasileira que insiste em chamar o mundo de casa. Instagram: @mirameproject

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