“De Arepa en Budare”: Luísa y la fuerza que aún resiste en Venezuela

“Jamás, jamás, mismo con la peor situación que vivimos ahora, abandono a mi país. Soy venezolana, como decimos aquí, ‘de arepa en budare'”. Es una de las primeras frases que me dice Luísa mientras tomamos un café a las 6 de la mañana, en medio de la tranquilidad de la Gran Sabana. 

Tal vez no haya mejor expresión que “de arepa en budare” para describir a Luísa – y tal vez a los venezolanos que permanecen en Venezuela hoy en día. Explico: De todos los productos que vi y consumí en Venezuela, el único que todavía se producía allí, resistente a la decadencia económica del país, era la famosa harina PAN, el ingrediente principal del plato típico del país, la Arepa.

Pero la resistencia va mucho más allá de la harina PAN y arepas. Luísa resiste todos los días. En pequeños y grandes actos. Como los otros venezolanos que he conocido. La resistencia está, por ejemplo, en la comida hecha que llevamos de Santa Elena a la Sabana “por si encontramos a alguien pasando hambre en el camino”. Y también en la misión que acababa de regresar, en el Delta del Río Orinoco, para proporcionar atención médica a la población indígena Waraó.

Me cuenta que la detuvieron 15 veces en los puestos de control del ejército – las Alcabalas – para llegar al delta y que sólo logró pasar por todos ellos con su cédula indígena. También cuenta cómo aprovechó estos momentos en las Alcabalas para abrir el diálogo con los militares. 

“En muchas [Alcabalas] yo decía: ‘estás pálido, no has comido bien, este fusil que llevas  a tu lado, te pesa demasiado… toma una vitamina’. Y les regalaba una vitamina. Y me preguntaban: ” ¿De verdad? ¿Cómo me las tomo?’, ¿sabes? Es una contradicción”, dice en un tono de desafío al sistema que sólo pueden tener aquellos que viven luchando por – y creen en – mejores condiciones.

“En el momento en que les daba una vitamina, diciéndoles irónicamente que ‘el fusil que tiene pesa demasiado porque no ha comido bien’ y me preguntaban ‘¿tienes una galleta? ¿Pan?’…también es una oportunidad para hablar y ese ha sido mi trabajo,” añade.

Además, Luísa es orgullosa de su campamento que hoy en día acoge a unas 20 familias. “Las cabañas que parecen estar y están en estado de abandono, porque no ha mantenimiento, están sirviendo de resguardo a 20 familias. Y así estamos actuando muchos venezolanos. Pasa por un lado y se ve que realmente está abandonado el mantenimiento, pero dentro hay resguardo y así funciona,” dice. 

En tiempos de dictadura, el lugar se ha convertido en un refugio para los profesionales que trabajan en la frontera. “¿Por qué tienen que estar de resguardo? Por qué el gobierno les considera a ellos que son oficios ilegales y por el hecho que vayas a trabajar en Brasil, en Pacaraima y vives en Santa Elena, eres un traidor a la patria,” explica.

Y añade un comentario importante. “Todo esto lo hago en el anónimo. Claro que tengo que estar en anónimo, sino no podría hacerlo. Eso sólo me atrevo a decirte porque no eres venezolana.”

Para Luísa, esta fuerza de resistencia de los que se quedan proviene de la esperanza de ver un país mejor. “En este momento, el amor y la esperanza que tenemos van mucho más allá de un buen vestir y un buen comer. A todos los venezolanos nos gusta tener un aceite de oliva, por ejemplo, porque conocemos el aceite de oliva para comer una buena ensalada. Pero si no lo hay, ¿qué importa? Comemos un poco con aceite vegetal pero podemos seguir, dando nuestro conocimiento y nuestra esperanza”.

Y entiende la situación de crisis también como una oportunidad para revisar y aprender nuevos valores. “Hay algunos que nos ha tocado mantener la esperanza de que, sí, vamos a salir [de esta situación] y nos ha tocado dar alegría a los niños para que no vean tanta carencia y si la vean, no importa,” dice. 

“En ese momento no puedes tener un buen calzado, pero vamos a aprender a caminar descalzos para también sentir la tierra. Entonces, es una manera también de enseñar otros valores, de regresar a la espiritualidad. Todo eso nos mueve a la espiritualidad. Definitivamente,” habla Luísa, con la serenidad de aquellos que han elegido mirar la situación de una manera diferente.

Además, reflexiona sobre los venezolanos que también resisten fuera del país de una manera u otra: “Se han quedado los que todavía creemos que podemos estar y estaremos aquí para recibir a los que se fueron y que vendrán con más sabiduría y más valor de las cosas también. Creo que el venezolano que ha salido ha sido también para demonstrar al mundo la alegría y para hacerlo diferente. Que a pesar de que salieron por una presión de una crisis, nunca pierden el buen humor”.

“Creo mucho en la energía de mi país como un gran país. La situación política es circunstancial. Ha durado mucho tiempo, pero eso también es para aprender a valorar lo que tenemos. Siento que como Venezuela no hay. Y va a ser mejor, incluso,”  dice Luísa con la certeza de que el futuro será positivo.

“Ahorita es una pesadilla, pero vamos a salir de esa pesadilla, indudablemente. Pero tal vez necesitemos eso para valorar el país que tenemos. No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista. Entonces, yo sí estoy segura de que vamos a salir y será pronto,” concluye.

Published by Mira.Me Project

Written by Leila Maciel, a Brazilian girl who insists on calling the world her home. Escrito por Leila Maciel, uma Brasileira que insiste em chamar o mundo de casa. Instagram: @mirameproject

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